
La tesis Joseba Louzao sostiene que Feijóo proyecta identidades políticas contradictorias porque debe representar distintas tradiciones de la derecha y presentarse como líder de una mayoría social.
Alberto Núñez Feijóo. Uno, ninguno y cien mil, por utilizar el título de la conocida obra de Luigi Pirandello. Como el protagonista de Pirandello, Alberto Núñez Feijóo ha descubierto que cada persona ha construido su propia versión del político gallego. Él puede creer ser uno, pero realmente hay más de cien mil Núñez Feijóo en la inquisitiva mirada de los demás. Lo que no sabemos es si el líder popular se ha preguntado ya por su propia identidad y si ha llegado a la misma conclusión que el protagonista pirandelliano: no ser ninguno.
Porque la amarga victoria de 2023 fue, en gran medida, consecuencia de la imposibilidad de conocer cuál de todos los Feijóo iba a ser el auténtico a la hora de materializar una mayoría parlamentaria. Y es que entre los cien mil Feijóo están el barón tranquilo y moderado de Galicia; el liberal conservador que una parte de su partido le exige ser; el dirigente institucional que se quiere proyectar en Europa a rebufo del buen momento electoral del Partido Popular Europeo; el bronco adversario parlamentario que necesita de la confrontación para animarse electoralmente; el ambiguo negociador con Vox; el firme competidor que perciben otras baronías populares; o el fascista de rostro amigable que quiere acabar con nuestro Estado de bienestar, como denuncian todas las izquierdas.
Estas son algunas de las etiquetas que definen a Núñez Feijóo, y son muchas más las que se han quedado en el tintero. Alberto Núñez Feijóo parece uno, ninguno y cien mil porque todo líder del centroderecha en España está obligado a personificar simultáneamente las distintas tradiciones de las derechas y, al mismo tiempo, a presentarse como la expresión de una mayoría social natural. Eso sí, los cien mil Feijóo no son una entelequia sostenida por quienes le observan.
También son el resultado de una estrategia del líder popular, que ha preferido aplazar algunas decisiones creyendo que así no se cerraba ninguna posibilidad. No es solamente Núñez Feijóo. Desde los orígenes de la Alianza Popular de Manuel Fraga, el liderazgo del centroderecha siempre ha ejercitado el noble arte del equilibrismo entre las diversas sensibilidades que necesitan articularse convincentemente para alcanzar el poder. A saber: representar a la derecha sin complejos, pero atraer al votante tranquilo que circula por el centro.
Y hacerlo, además, integrando todas las tradiciones que hay en el interior del partido y dibujando las fronteras con la extrema derecha sin romper con los dubitativos votantes de este espacio. Y, por último, reivindicar el pasado y la continuidad histórica de unas siglas y unas tradiciones, evitando que la izquierda las ataque por los episodios más incómodos. Núñez Feijóo tiene que enfrentarse a ese síndrome de la «mayoría natural» que acucia a cualquier líder del centroderecha desde su fundador.
Quizá los dos únicos que lograron escapar de él —y no sin desgaste— fueron precisamente quienes consiguieron alcanzar el poder: José María Aznar y Mariano Rajoy. Dos perfiles radicalmente distintos. Uno trató de construir esa mayoría sin demasiados complejos; el otro pudo esperar hasta que las circunstancias la hicieran posible. Por el camino, sin embargo, otros fracasaron, como el propio Fraga, el pasajero Hernández Mancha o el bisoño Casado. Hay que entender las dinámicas de un partido plural y con sus diferencias, que son explotadas cuando las cosas no salen como les gustaría a los cuadros del partido.
«Está condenado a ejercer de equilibrista bajo la sombra de aquella 'mayoría natural' que Fraga dejó inscrita en el ADN del partido» Al fondo, además, se encuentran un entorno social y una opinión publicada que son, si me permiten jugar con la expresión de Umberto Eco, más apocalípticos que integrados. Algunos podrían llamarlos amazónicos, pero sabemos que hay demasiados heraldos del apocalipsis entre sus filas. Porque, si bien es verdad que existen los palmeros necesarios para avalar cualquier requiebro, la opinión del centroderecha suele ser bastante crítica con cada una de las decisiones de la directiva popular.
Sólo hace falta ver la respuesta de tertulianos y opinadores a casi cualquier propuesta. Siempre habrá decenas de columnistas afeándole a Núñez Feijóo la decisión. No estoy tirando balones fuera. Quien firma estas líneas le ha dedicado más de una crítica. Quizá el problema no sea de Núñez Feijóo, sino de la historia reciente del centroderecha democrático. Su líder está condenado a ejercer de equilibrista bajo la sombra de aquella «mayoría natural» que Manuel Fraga dejó inscrita en el ADN del partido.
Una mayoría que siempre parece estar esperando, pero a la que le cuesta afianzarse en las urnas. En este contexto, Núñez Feijóo estará recibiendo muchos susurros sobre lo que debe hacer. No soy quien para darle muchas recomendaciones, pero sí que le invitaría a darse un tiempo a releer la historia de su propio partido para identificar errores y aciertos (por cierto, la memoria también pasa por ayudar a organizar el archivo personal de su fundador).
Otros estuvieron antes que él, en otros contextos semejantes, ante las mismas tesituras. Es cierto que no abundan los buenos trabajos, pero los que existen podrían ayudarlo a recalibrar su estrategia. Estaría bien que tomase partido con mayor claridad. Acierte o se equivoque, nos guste o nos disguste. Lo hemos repetido aquí hasta la saciedad. Y hacerlo no consiste únicamente en firmar contratos, proclamar principios, empeñar su palabra o multiplicar declaraciones.
Lo esencial es que establezca prioridades, asuma los costes y acepte que algunas de las imágenes construidas sobre él desde su propia bancada tendrán que quedar definitivamente desmentidas. Si quiere sentarse en la Moncloa, Núñez Feijóo tendrá que elegir cuáles de sus muchas identidades está dispuesto a abandonar. Para no acabar siendo ninguno, tendrá que renunciar a ser cien mil.
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Texto íntegro de Joseba Louzao, publicado en The Objective el 20 oct, 05:25. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en The Objective.
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