La tesis Pide acelerar la reconstrucción valenciana con mejoras de drenaje, coordinación y obras que resuelvan problemas cotidianos, porque la confianza depende de resultados visibles y plazos cumplidos.
La percepción de la situación política y económica valenciana mejora, pero la herida de la dana sigue abierta. La encuesta del Nou d’Octubre de los periódicos de Prensa Ibérica en la Comunitat Valenciana refleja una recuperación respecto al año pasado, aunque las valoraciones todavía están lejos de las anteriores a la catástrofe. Cuando se acerca el segundo aniversario del 29 de octubre, las administraciones deben consolidar esa mejoría con soluciones que los vecinos puedan percibir en su vida cotidiana.
El 56,3% de los valencianos considera mala o muy mala la situación política autonómica. Son 12,3 puntos menos que hace un año, un descenso apreciable que, sin embargo, mantiene la valoración negativa muy por encima de la registrada antes de la tragedia. En la economía, ese porcentaje baja hasta el 44,7%, pero sigue duplicando el de octubre de 2024. Los datos describen una sociedad que empieza a recuperar cierta confianza, aunque conserva motivos de preocupación y exige más a sus instituciones.
La reconstrucción debe medirse también a pie de calle. Quien teme que una lluvia intensa vuelva a inundar su barrio, sufre retrasos en el transporte público o carreteras colapsadas, o encuentra obstáculos para recuperar su actividad comercial, necesita resultados concretos. La confianza se reconstruye con servicios que funcionan, obras que avanzan y plazos que se cumplen. La mejora del alcantarillado y de las redes de drenaje debe ocupar un lugar prioritario.
Revisar su capacidad, garantizar su mantenimiento y resolver los puntos vulnerables requiere inversiones y coordinación entre administraciones. Estas actuaciones deben integrarse en una estrategia más amplia de prevención de inundaciones, con información clara sobre la protección que ofrecen y los riesgos que persisten. Cada episodio de lluvias recuerda la urgencia de reducir la vulnerabilidad de los barrios y afianzar una cultura de la emergencia que ayude a la población a reconocer el peligro y actuar a tiempo.
La movilidad metropolitana constituye otra prueba decisiva. Recuperar y mejorar las conexiones, reforzar el transporte público y facilitar los desplazamientos entre las poblaciones más afectadas por la riada y València permite devolver tiempo, oportunidades y autonomía a los ciudadanos. La reconstrucción ofrece, además, la ocasión de corregir carencias anteriores a la dana que la catástrofe hizo más evidentes. Ese aprendizaje debe alcanzar también al urbanismo.
La prevención exige que el riesgo de inundación condicione las decisiones sobre dónde y cómo construir. El proyecto de un centro escolar privado en las proximidades del barranco d’Endolcà, en Paterna, plantea cuestiones sobre inundabilidad, dominio público hidráulico y zonas de flujo preferente que deben aclararse con rigor y transparencia. La seguridad de sus futuros usuarios exige despejar esas dudas antes de autorizar actuaciones que puedan aumentar la exposición al riesgo.
Generalitat, Gobierno y ayuntamientos deben convertir la coordinación en actuaciones verificables, con responsables identificados, calendarios públicos y explicaciones sobre los retrasos. A las puertas del segundo aniversario, el recuerdo de las víctimas exige rigor y continuidad. La mejoría que detecta la encuesta debe traducirse cuanto antes en una recuperación reconocible en cada barrio: mayor seguridad ante la lluvia, mejores conexiones y una vida cotidiana con menos incertidumbre
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Texto íntegro de el editorial de Levante-EMV el 11 oct, 20:00. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en Levante-EMV.
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