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Comunitat Valenciana · Desastres y aprendizaje

Tragedia eres tú

Antonio Badillo en Las Provincias

La tesis Sostiene que la sociedad no aprendió de la pandemia ni de la dana, pues la ignorancia y los intereses económicos reaparecen y frustran la posibilidad de prevenir nuevas tragedias.

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Las tragedias son tragedias. Ya lances su moneda al aire de un modo u otro, con ellas siempre acaba saliendo cruz. Llegamos hasta donde podemos, ... aceptarlo es un buen primer paso. Sin embargo, tras la asunción de la vulnerabilidad humana arriba el reproche, descarnado, pues el único recodo amable que cabría encontrar al desastre en cualquier ámbito, el aporte didáctico que debería llevarnos a aprender, a evolucionar, en definitiva a tratar de evitar, queda invalidado por la limitación ilimitada que nos recorre de pies a cabeza.

Me pregunto cómo pretendemos plantar cara a la Naturaleza, madre y mayúscula, si somos incapaces de dominar nuestra propia naturaleza, minúscula como nosotros mismos. Vino un virus al que menospreciamos hasta que empezó a aniquilarnos como especie, llevándose por delante a los vulnerables, y cuando mutó de epidemia a pandemia alguien apretó los puños y verbalizó aquella célebre patraña: esto nos hará mejores. Sonaba creíble en dicho momento, los balcones plateas solidarias surcadas por aplausos y emociones, la empatía desbordada.

Pero no, nada de eso nos mejoró. Ni nos empeoró. Atravesó sin dejar poso la membrana de nuestra ignorancia, y como en la fiesta de Serrat, la zorra pobre regresó al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas. El discrepante volvió a ser enemigo. El asunto se enconó apenas remitieron las muertes, en cuanto los protocolos de prevención obstruyeron la máquina del dinero. Y hasta luego supimos que un ministro y sus secuaces mercadearon con la parca.

¿Mejores? Permite que me ría.El proceso se repite con la dana. No hemos aprendido nada del 29-O, y así lo lamentamos con todo el sentido un 20-O dos años después, mientras otra vez vemos los coches flotar, los ríos desbordarse. El miedo fluir, la gente en busca de consuelo en las alturas, mejor que el rezo escaleras, por reino de los cielos un terrado inalcanzable para la crecida del agua. Incapaces de entender que nos colgaba un cronómetro del cogote, perdimos el tiempo.

No limpiamos los cauces. Las obras antirriada van al ralentí y en muchos casos en lugar de corregir se restituyó la situación anterior, perseverantes en el error. Estos 24 meses de luto nos han visto más preocupados de tramitar facturas pasadas que de evitar las futuras, porque prevenir no da votos, lo que no ocurre no existe, así que cuando acontezca ya tramitaremos el cobro y a otra cosa. Ningún protocolo nos ha venido bien, las alertas si no tempranas tardías.

Y junto a los advertidores miremos a los advertidos, adentrándose como si nada en la boca de un metro que se inunda, al fútbol con el niño de la mano y el bocata bajo el brazo mientras las nubes chorrean bilis, o como el tonto de ayer en la playa de Gandia braceando por la calle sobre su piragua. Profano a Bécquer para concluir. ¿Qué es tragedia? ¿Y tú me lo preguntas? Tragedia... eres tú.

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Texto íntegro de Antonio Badillo, publicado en Las Provincias el 19 oct, 23:26. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en Las Provincias.