
La tesis Advierte de que la fascinación por líderes radicales y su estrategia de parecer imprevisibles convierte el enfrentamiento y la manipulación emocional en herramientas eficaces para conquistar el poder.
Leo a David Trueba mostrando su añoranza de un tiempo no tan lejano en que a los políticos les preocupaban los matices, eran capaces de pactar y resultaban más descreídos que en la actualidad. Se refiere el escritor y cineasta a los años de la transición, cuando no se llamaban hijo de puta como ahora y había quien sabía latín, como Tierno Galván. Eso duró lo que duró. En realidad, fue así hasta que el felipismo se le hizo largo a la derecha. Pero es evidente que la atracción por los radicales y la ridiculización de los buenistas no es un fenómeno local, sino una disrupción global.
Si en el último tercio del siglo XX alguien se hubiera presentado a los mítines con una motosierra en marcha, cantando temas de los Ratones Paranoicos y mostrando vídeos de explosiones atómicas, lo más seguro es que le hubieran enviado a tratamiento. Hoy esto puede llevar a presidir un país como Argentina. El sociólogo José Antonio Marina ha escrito en La vacuna contra la insensatez ( Ariel) que a estos personajes, entre los que brilla con luz propia Donald Trump, les ha funcionado un truco que, según Kissinger, inventó Nixon: la teoría del loco.
El mundo está expectante con esa suerte de personajes. La gente se cree cualquier amenaza, por muy disparatada que parezca, si la profiere alguien a quien considera un demente. En este sentido, son genios de la política ancestral, basada en el enfrentamiento amigo-enemigo, que buscan juegos de suma cero, utilizan todas las técnicas a su alcance para conseguir o mantener el poder, son capaces de movilizar emocionalmente a la gente, usan la razón de Estado para legitimar una mentira, les inspira el pensamiento conspiranoico y no se sienten comprometidos con lo que dicen.
Pero volviendo al punto inicial del artículo, es evidente que Europa no está todavía en este punto, aunque progresa adecuadamente. El sadismo y la crueldad están cada vez más presentes en la política diaria. Sin olvidar la deshumanización del contrario. Dice Marina que deberíamos liberarnos de la credulidad y del poder absoluto. Sin embargo, las enseñanzas de la Ilustración quedan lejos. Y, desde luego, no figuran en el catálogo de TikTok.
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Texto íntegro de Màrius Carol, publicado en La Vanguardia el 21 oct, 00:30. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en La Vanguardia.
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