
La tesis Advierte de que la deuda, la inestabilidad política y las protestas pueden desestabilizar Francia y contagiar a la eurozona, mientras los principales candidatos proponen medidas que agravarían la crisis.
Alerta máxima sobre lo que está sucediendo en Francia. Un país estancado que este año crecerá solo un 0,5% y con una deuda que alcanzará un nivel desconocido en más de 30 años al rebasar el 120% del PIB. Con una prima de riesgo disparada, la desconfianza se ha adueñado de los mercados. Grandes empresas como LVMH, Hermès o Airbus sufrieron ayer grandes caídas en las bolsas. Francia está endeudada como nunca y el Gobierno no tiene otra alternativa que intentar confeccionar un presupuesto restrictivo que plantea recortes en sectores sensibles, como los pensionistas.
Se habla de un ajuste de 54.000 millones de euros. Ello solo hace que aumentar aún más el malestar de la calle, que ha vivido un fin de semana de protestas, saqueos y altercados que ha sumido a Francia en una crisis incontrolable. Es el pez que se muerde la cola. No es de extrañar que se empiecen a oír voces que plantean una intervención del Banco Central Europeo, como la que se vivió en su día con la crisis del euro y que afectó a España, Italia y Grecia.
El problema es que la economía francesa es mucho más potente. El miedo es que una crisis de deuda pública en Francia pueda contagiar a otros mercados financieros de la eurozona. El drama es que los dos grandes favoritos para ganar las próximas elecciones presidenciales ofrecen soluciones que pueden agravar aún más los problemas. Por ejemplo, la edad de jubilación en Francia está establecida entre los 62 y los 64 años, y tanto la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, como el de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, quieren rebajarla a los 60.
En España está entre los 65 y los 66 años. Así, a la crisis económica, política y social que vive Francia se suma la falta de una alternativa reformista y alejada de los extremismos con posibilidades de ganar. Los líderes moderados que aspiran al Elíseo, como Édouard Philippe y Gabriel Attal, se han quemado en etapas anteriores. La actual presidenta del BCE, Christine Lagarde, que ha sonado para presidir el Foro de Davos y ha mostrado su voluntad de ayudar a Philippe, podría jugar un papel también en este momento histórico.
Cualquier alternativa es buena excepto dejar que Francia caiga.
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Texto íntegro de Jordi Juan, publicado en La Vanguardia el 20 oct, 00:05. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en La Vanguardia.
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