
La tesis Atribuye el deterioro europeo a políticas migratorias ingenuas y defiende controlar la inmigración para evitar problemas de seguridad y falta de integración.
La Europa que conocíamos se desmorona a pasos agigantados. Puede sonar alarmista y desproporcionado, pero es la cruda y triste realidad. La cuna de la civilización logró sobreponerse al apocalipsis que se cernía sobre el Viejo Continente tras dos guerras mundiales que costaron millones de vidas. Los otrora enemigos irreconciliables obraron el milagro y decidieron que ya estaba bien de matarse cada dos por tres entre ellos, dando paso a un periodo de paz y prosperidad sin parangón en la historia de la humanidad, convirtiéndonos en la envidia del mundo.
Pero un error de cálculo, que en principio podía parecer inocente, amenaza ahora con dar al traste con todo el progreso conseguido. No es que vayamos a empezar a matarnos entre nosotros de nuevo, nada más lejos. La ingenuidad y el buenismo han cambiado ya a Europa a peor, obviamente. Pero este no es el final del camino, ni mucho menos. Todo puede ir a mucho peor, a muchísimo peor. Pero también a mejor, si nos caemos de una vez del guindo en el que vivimos y nos ponemos las pilas.
Las escenas de película de terror que vemos estos días en Francia y que se extienden ya por otros lugares como Italia deberían ser la señal de alarma definitiva que nos despierte del atontamiento. Eso o a no mucho tardar, antes de lo que pensamos, las sufriremos también en nuestras carnes. La inmigración debe ser ordenada y proporcionada. Pensar que puedes abrir las fronteras de par en par y sin ningún control a millones de personas que nada tienen que ver con nuestra cultura, y que no pase nada, es la máxima expresión de esa ingenuidad y buenismo que está acabando con nuestra forma de vida sin que muchos se den cuenta de lo que pasa.
Años de puertas abiertas, mano blanda con la delincuencia, falta de integración que ha convertido barrios enteros en guetos musulmanes y generosidad extrema con personas que nunca han contribuido en nada, ni fiscal ni culturalmente. De aquellos polvos, estos lodos. Otros sí se dan cuenta, pero les da lo mismo. Lo que sea con tal de mantener sus privilegios y su posición dominante, aunque ello signifique inundar todo con el caos. La izquierda sabe que ahora mismo su única oportunidad es el ruido e incendiar las calles.
Sus "súbditos" también saben que si cambia la tortilla a muchos se les acaba el chollo. Y con eso juegan, embarrando todo. Pero el precio a pagar es demasiado alto: un país, un continente, una civilización. No podemos mirar para otro lado. Aún estamos a tiempo. Despertemos.
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Texto íntegro de Erik Montalbán, publicado en La Razón el 21 oct, 00:30. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en La Razón.
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