
La tesis Acusa al PSOE de convertir su acto de precampaña en un espectáculo guionizado para recuperar atención y ocultar las tensiones, los escándalos y las causas judiciales que le afectan.
El PSOE ha inaugurado la precampaña del 29N con una función que fue de todo menos espontánea. Pedro Sánchez, recién proclamado candidato por unanimidad, convirtió el Comité Federal socialista en un espectáculo de música, camisetas rojas, bailes forzados, ovaciones interminables y declaración de amor incluida. Mucho confeti emocional y una consigna primordial en la representación: que nadie mire detrás del telón tras este ensayo general de campaña.
El "te quiero" presidencial a Begoña Gómez fue el número central de una función en la que cada elemento ocupaba su posición exacta. El vídeo de apertura, las camisetas rojas, los lemas de campaña, los bailes colectivos y la sucesión de ovaciones que dispararon los aplausómetros: estaba todo guionizado para recuperar el pulso y la atención mediática. María Jesús Montero, siempre dispuesta a marcar el compás, ejerció de maestra de ceremonias, mientras ministros y dirigentes acompañaban la fiesta con el entusiasmo disciplinado de los figurantes que conocen su plano y esperan la señal del regidor.
Pero detrás de la música y las palmas siguen estando las cloacas, la corrupción, el desbroce institucional y las preguntas incómodas. La dimisión de Montse Mínguez por el escándalo de la "pyme buitre" de su pareja, las tensiones internas, el acoso a la juez Biedma, las acusaciones de "lawfare", Ábalos y Cerdán, la vergüenza de lo que ocurre en Ceuta y las causas judicializadas que afectan al entorno del presidente no desaparecen porque una cámara enfoque un beso o porque 3.
000 asistentes aplaudan al unísono como les han ordenado. Tampoco las acusaciones y las investigaciones relacionadas con presuntas corruptelas se resuelven con una camiseta roja y un baile colectivo, aunque sí que las discrepancias territoriales, simbolizadas por la ausencia de Emiliano García-Page, quedaron fuera del encuadre festivo. Pese a toda esta pantalla, cada asunto exige sus propias explicaciones y, cuando corresponda, las responsabilidades que determinen las instancias competentes.
Sánchez agitó el fantasma de los recortes, defendió las pensiones y prometió reforzar las políticas de vivienda. Mensajes legítimos de campaña, aunque envueltos en una euforia tan coreografiada que hasta el entusiasmo rezumaba instrucciones de montaje. El Comité Federal duró apenas una hora, pero la representación posterior tuvo bastante más vocación de espectáculo. Sánchez quiere vender fortaleza, amor y movilización, y las cámaras pueden recoger un beso, los ministros pueden bailar y Montero puede dirigir la ovación.
Lo que no pueden hacer es apagar las preguntas que esperan al otro lado del escenario. Porque, cuando el espectáculo termina, se apagan los focos y los figurantes regresan a casa, los problemas siguen ahí. Y no hay camiseta roja ni lema capaz de tapar este circo.
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Texto íntegro de el editorial de La Razón el 19 oct, 00:30. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en La Razón.
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