La tesis Defiende conservar la placa que recuerda la fundación de la Agrupación Socialista de Elche, porque retirar el homenaje no borra un episodio documentado de la historia local.
No sé qué problema le encuentra Pablo Ruz a que una placa recuerde algo que sucedió en Elche hace 135 años. Llevo días dándole vueltas a sus declaraciones y sigo sin encontrar una explicación convincente. Quizá el problema no sea la placa, ni siquiera que esté colocada en un edificio municipal. Quizá lo que moleste sea, sencillamente, que quienes se reunieron allí aquel 6 de enero de 1891 eran socialistas. He vuelto a leer algunos documentos de aquella época.
No porque tuviera dudas sobre lo ocurrido, sino porque creo que, antes de cuestionar una conmemoración, conviene saber qué estamos conmemorando. Y lo que ocurrió en el Molí del Real no tiene demasiado misterio, aunque ahora algunos parezcan empeñados en encontrarlo. El 6 de enero de 1891, veintitrés ilicitanos se reunieron en la casa de Pascual Román, situada en el entonces llamado Molino del Real, y fundaron la Agrupación Socialista de Elche. Presidió aquella reunión Juan Bautista Sala Maciá.
Entre los asistentes estaban Francisco Miñana, Francisco Agulló, Francisco Sala, Salvador Verdú, José Botella, Francisco Porcel, Jaime Quiles, José Campos, Pedro Sempere, Diego Esclapez y José Maciá. Me gusta recordar sus nombres. Son los nombres de personas que vivieron en nuestra ciudad, que trabajaron aquí y que, en una época bastante menos amable que la nuestra para quienes defendían los derechos de los trabajadores, decidieron organizarse políticamente.
Y hay algo que no deberíamos perder de vista. Pascual Román vivía allí. En aquel momento, el molino no era propiedad municipal. Lo sería muchas décadas después. Nadie decidió fundar el PSOE en un edificio público para que, 135 años más tarde, sus compañeros pudieran colocar una placa. Se reunieron en la casa de uno de ellos. Y la placa está precisamente en ese lugar porque fue allí donde ocurrió. Dos días antes, el 4 de enero de 1891, Pablo Iglesias había intervenido en un mitin en el Teatro Principal de Elche.
Su visita despertó una considerable expectación. Una crónica de aquellos días llegó a pronosticar que nuestra ciudad se convertiría en «un baluarte del socialismo revolucionario». Tres días después de aquella reunión fundacional, el 9 de enero, el periódico El Socialista, en su número 253, informaba de la constitución de agrupaciones socialistas en Alicante, Elche y Crevillente. Ahí están los testimonios de la época. No hablamos de una tradición oral que haya ido cambiando con los años, ni de una historia reconstruida a conveniencia.
Tenemos una fecha, un lugar, unos nombres y documentos que permiten conocer lo que sucedió. ¿De verdad resulta tan difícil entender que eso merece ser recordado? A veces pienso en lo que significaba ser socialista en aquel Elche de finales del siglo XIX. Una ciudad que empezaba a transformarse, con una población trabajadora que soportaba condiciones de vida muy duras y que apenas disponía de medios para defender sus intereses. Aquellos hombres no podían imaginar todo lo que vendría después, pero tuvieron claro que había que organizarse.
Nuestra agrupación nació de aquella decisión. Después llegaron otras generaciones, otros compañeros y compañeras, la Segunda República, la Guerra Civil, la persecución franquista, los años de clandestinidad y la recuperación de la democracia. No pretendo presentar estos 135 años como una historia sin errores. Los hemos cometido, como cualquier organización política que ha tenido responsabilidades y ha tomado decisiones durante tanto tiempo. Pero no voy a disculparme por sentir orgullo de nuestra trayectoria ni por reivindicar el papel que el socialismo ha desempeñado en la vida política, sindical y social de Elche.
También por eso me cuesta comprender esta polémica. En Madrid existe una placa que recuerda el lugar donde se fundó el PSOE en 1879, en la calle Tetuán. Se colocó en 1979, con motivo del centenario. En Barcelona, otra placa recuerda desde 1982 el nacimiento de la Unión General de Trabajadores en la calle Tallers, en 1888. En Ferrol, la propia corporación municipal acordó en 1926 rendir homenaje a Pablo Iglesias mediante una placa. Y en Madrid, desde 1981, una placa dedicada a Francisco Largo Caballero recuerda el lugar donde estuvo su casa natal, en un inmueble que alberga dependencias municipales.
Son ejemplos distintos, naturalmente, pero todos parten de una idea que hasta ahora parecía bastante razonable: los acontecimientos históricos merecen ser recordados en los lugares donde sucedieron, con independencia de que compartamos o no las ideas de sus protagonistas. Por eso no me convence que Pablo Ruz quiera reducir el asunto a una cuestión de neutralidad institucional, argumentando que no debe haber placas del PSOE ni del PP en edificios públicos.
Yo no tendría ningún problema en que el Ayuntamiento señalizara un lugar donde se hubiera producido un acontecimiento importante para la historia de Elche protagonizado por conservadores. Ninguno. No necesito compartir las ideas de quienes participaron en un hecho histórico para reconocer que ese hecho ocurrió. Lo que no entiendo es por qué ese criterio deja de servir cuando hablamos de la historia del socialismo. La placa del Molí del Real tampoco es nueva.
La primera se colocó en 1991, al cumplirse cien años de la fundación de nuestra agrupación. Después sufrió actos vandálicos y fue retirada. En 2016 se repuso con motivo del 125 aniversario y en 2021 se renovó para conmemorar los 130 años. Treinta y cinco años después de aquella primera instalación, nos encontramos discutiendo otra vez si debe permanecer en el lugar donde se fundó la Agrupación Socialista de Elche. Y no puedo evitar preguntarme por qué precisamente ahora.
Conocemos las posiciones que mantiene Vox respecto a la memoria democrática. También conocemos las dificultades que una parte del Partido Popular sigue teniendo para abordar determinados episodios de nuestro pasado, especialmente cuando sus protagonistas pertenecen a la izquierda. Lo estamos viendo en demasiados lugares. Y lo que ocurre con esta placa, aunque pueda parecer un asunto menor, encaja en un clima político que me preocupa. Tengo la impresión de que a las derechas les gusta reivindicar la historia y las tradiciones de Elche siempre que esa historia no les resulte incómoda.
Porque cuando aparecen los socialistas, las organizaciones obreras o quienes lucharon por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, parece que el entusiasmo por conservar el pasado desaparece. No debería ser así. La historia de nuestra ciudad no pertenece a quienes ocupan temporalmente la Alcaldía. Tampoco pertenece al PSOE. Es patrimonio de todos los ilicitanos, y precisamente por eso nadie debería decidir qué acontecimientos merecen recordarse en función de sus preferencias políticas.
Como secretario de Memoria Democrática del PSOE de Elche, considero que tenemos la responsabilidad de defender ese patrimonio. La Ley 20/2022, de Memoria Democrática, insiste en la importancia de conocer y preservar nuestro pasado, especialmente el de quienes contribuyeron a la defensa de los derechos y las libertades. No estoy diciendo que la placa del Molí del Real tenga por sí misma el reconocimiento jurídico de Lugar de Memoria Democrática. No lo tiene por el simple hecho de estar allí.
Hablo de algo anterior a cualquier calificación administrativa: del respeto que merece un testimonio de nuestra historia política y obrera. El Molí del Real tiene un indudable valor patrimonial por su historia hidráulica e industrial. Nadie lo discute. Pero entre sus paredes también ocurrió algo que dejó huella en la historia política de Elche. ¿Por qué tendríamos que explicar una parte de lo que fue aquel edificio y silenciar la otra? Me gustaría que cualquier ilicitano que pase por delante de esa placa, vote a quien vote, pueda detenerse un momento y conocer lo que allí sucedió.
Que sepa quién fue Pascual Román, por qué se reunieron aquellos veintitrés hombres en su casa y qué significó aquella decisión para las generaciones que vinieron después. Incluso me gustaría que el Ayuntamiento aprovechara esta circunstancia para recuperar y divulgar más documentación sobre aquellos primeros socialistas. Tenemos una historia local extraordinariamente rica, llena de personas cuyos nombres apenas conocemos. Merecería la pena dedicar esfuerzos a estudiarla y acercarla a los vecinos, en vez de convertir una placa en motivo de enfrentamiento.
Y si existe alguna duda sobre los expedientes o las autorizaciones administrativas, que se revisen. No tengo inconveniente en que se compruebe todo lo que deba comprobarse. Lo que no acepto es que una discusión sobre trámites termine sirviendo de excusa para poner en cuestión el recuerdo de un acontecimiento histórico perfectamente documentado. Señor Ruz, puede usted discrepar del PSOE cuanto quiera. Puede criticar nuestra gestión, nuestras propuestas y las decisiones que hemos tomado cuando hemos gobernado.
Faltaría más. Nosotros también discrepamos profundamente de muchas de sus políticas y de los acuerdos que mantiene con Vox. Es parte de la democracia, y así debe seguir siendo. Pero me gustaría creer que somos capaces de distinguir nuestras diferencias políticas actuales de lo que ocurrió en Elche hace 135 años. Los socialistas ilicitanos sentimos orgullo de nuestra historia. De aquellos primeros compañeros que se reunieron en casa de Pascual Román, de quienes continuaron su trabajo cuando las circunstancias eran difíciles, de quienes sufrieron la persecución por defender sus ideas y de quienes contribuyeron a recuperar las libertades democráticas.
Y queremos que esa historia se conozca. No para pedirle a nadie que se haga socialista ni para utilizar un edificio municipal como escaparate de nuestras siglas. Queremos que se conozca porque ocurrió aquí, porque forma parte de nuestra ciudad y porque no veo ninguna razón para esconderla. La placa del Molí del Real no pide el voto al PSOE. Recuerda que el 6 de enero de 1891, en aquel lugar, un grupo de ilicitanos decidió fundar una organización política que sigue existiendo 135 años después.
Yo voy a defender que permanezca donde está. Y me gustaría que en esa defensa pudiéramos coincidir personas de distintas sensibilidades políticas, aunque solo fuera por respeto a nuestra propia historia. Porque Pascual Román y sus compañeros estaban allí mucho antes de que Pablo Ruz llegara a la Alcaldía. Se reunieron, fundaron nuestra agrupación y dejaron una huella que ha llegado hasta nuestros días. Y eso, señor Ruz, no lo cambia ningún alcalde.
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Texto íntegro de Antonio J. Rodríguez Soler, publicado en Información el 20 oct, 15:03. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en Información.
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