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Columnas · Ascenso ultraderechista

Ultraderechización sin causa

Miguel Lorente Acosta en infoLibre

La tesis Argumenta que el avance ultraderechista no surge espontáneamente ni responde a una causa objetiva única, sino que se apoya en un sistema capitalista que convierte sus crisis en oportunidades de poder.

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El mundo no se derechiza solo ni de forma espontánea, no hay una pendiente en el tiempo por la que las ideas y las políticas se deslicen hacia un lado u otro y, sin embargo, parece que la derechización del planeta que vivimos está ocurriendo de forma espontánea y democrática, como una respuesta global a las políticas de gobiernos progresistas. Pero cuando nos acercamos a este proceso comprobamos que no obedece a una crisis económica, ni a una guerra, ni a una pandemia propiciada por la izquierda, como sí ocurrió con la crisis de 2008 provocada por el capitalismo neoliberal de un sistema insaciable, que obligó al propio sistema a hacer un ejercicio de constricción cuando Nicolás Sarkozy actuó de portavoz del G20 y dijo que había que “refundar el capitalismo”; no que había que desecharlo como modelo económico ante el terrible resultado que había producido, bastaba con refundarlo.

Si cualquiera de los CEO de las empresas más importantes que alimentan el capitalismo en esos países hubiera planteado una estrategia comercial que hubiera fracasado, ninguno de sus presidentes habría dicho que hay que “refundar la estrategia”, sino que la habrían cancelado y puesto en la calle a la persona responsable y a todo su equipo. Sin embargo, el fracaso del capitalismo no supone su cierre porque su objetivo no es solo económico, sino que también contribuye a un modo de definir la vida sobre la construcción de poder del sistema, lo cual hace que las crisis que genera siempre sean una fuente de beneficios obtenidos a través de vías muy diferentes.

Todo ello indica que, si hay una “derechización sin causa”, es decir, sin razones objetivas para que prácticamente en todos los países se produzca un ascenso, no ya de la derecha, sino de la ultraderecha, debe haber algún motivo que la provoque. Y si esa derechización ocurre en todo el planeta, las razones deben estar en todos lados. Entre los factores que están presentes en cualquiera de los países donde se produce esta “derechización” observamos los siguientes: Las posiciones conservadoras han centrado el debate sobre lo cultural y, con ello, sobre las referencias identitarias en el plano individual e históricas en el social.

La amenaza ya no es el paro, es que te quiten las tradiciones y dejes de ser tú., Un sector importante de grupos mediáticos ha puesto sus medios de comunicación al servicio de estas posiciones de poder a través de la desinformación, potenciando el mensaje cultural y presentando las alternativas como ataques al orden., Las redes sociales actúan como amplificador de este proceso para llegar a todos los rincones y adaptar el mensaje a las circunstancias particulares de cada persona.

, Todo este proceso produce una ocupación de la atención que impide analizar y tomar conciencia de la realidad y de su significado: las redes ocupan el tiempo y la carga emocional en cada uno de los ataques impide la razón., La polarización que se produce como consecuencia de todo lo anterior traslada el proceso al día a día de cada persona y permite la justificación del ataque al otro, a quien presentan como culpable de lo que les pasa. El análisis muestra que no hay razones objetivas para un fracaso generalizado de las políticas de izquierda en todos los países ni para la ultraderechización que se está produciendo.

Las diferencias entre los temas políticos tradicionales (impuestos, educación, sanidad, cultura, asuntos exteriores…) ni siquiera forman parte del debate, porque lo que interesa es librar una guerra cultural. La derechización no va a resolver nada. Podrán ganar y obtendrán beneficios desde la injusticia social, como ha ocurrido otras veces, la última tras la crisis económica de 2008 propiciada por el sistema que defienden. Y esa victoria de las derechas llevará a una nueva victoria de la izquierda, aunque ahora trabajan intensamente para que esta se produzca lo más tarde posible, no solo para ganar las próximas elecciones.

Y cuando regrese la izquierda al Gobierno distribuirá beneficios y desarrollará, en la medida en que pueda, políticas de bienestar social, pero se encontrará con una sociedad en la que las desigualdades serán mucho más amplias e intensas tras el periodo de gobierno de las políticas conservadoras. Pero lo más preocupante será que esa sociedad también será un poco más conservadora después de haber potenciado todo el argumento identitario e histórico a través de su guerra cultural.

Hoy los estudios sociológicos y las encuestas que hay indican que muchas personas que se consideran de izquierdas votan a partidos de derecha y ultraderecha porque defienden su identidad, tradiciones, costumbres, creencias… frente a la amenaza fantasma que se ha creado, especialmente con la migración. Hoy todo gira alrededor de los valores e ideas del sistema androcéntrico que nos define y que se presenta en riesgo ante las políticas transformadoras de la izquierda.

Gestionar los problemas que produce ese sistema no basta, hay que transformarlo desde dentro con la educación, la concienciación y las políticas estructurales. El apoyo a la gestión no es suficiente para la transformación y, cuando se enfrenta gestión con cultura, siempre gana cultura. Y esa es la clave, si se está produciendo una ultraderechización sin causa, tiene que haber una razón para que suceda. Y la razón principal es toda la manipulación e instrumentalización desarrollada a través de la desinformación, y la creación de una sociedad de influenciables para que acepte todos los argumentos sin la más mínima reflexión crítica.

Esta situación es la que en verdad amenaza a la democracia, porque para decidir hay que conocer la realidad sobre la que tomar la decisión. Sin información no hay democracia y hoy el objetivo de muchos medios y posiciones es la desinformación a partir de las referencias del sistema androcéntrico para conservarlo. Hoy el riesgo no es el voto por correo, sino el correveidile de esa desinformación. ________________________ Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

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Texto íntegro de Miguel Lorente Acosta, publicado en infoLibre el 18 oct, 06:01. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en infoLibre.