La tesis Pide que las fuerzas a la izquierda del PSOE dejen de buscar culpables por no concurrir juntas y concentren sus esfuerzos en recuperar votos tras su ruptura.
Si hay alguien que piensa que la expectativa electoral a la izquierda del PSOE no puede empeorar después de la frustración causada por la desunión y por el patético espectáculo ofrecido en las últimas semanas, me temo que se equivoca. Puede ser aún peor si desde este momento cometen el enésimo error: dedicar el esfuerzo a señalar quién o quiénes han sido los culpables de que no haya habido acuerdo para que Frente Amplio y Podemos fueran juntos a las urnas el 29N.
Lo cual no quiere decir que no haya responsables del desaguisado. Todos los implicados en las negociaciones tienen su cuota, y unos más que otros. Sobre el giro de guion de Gabriel Rufián y Podemos recién iniciadas las negociaciones con el resto de fuerzas del espacio ya hay mucho escrito (lo adelantó infoLibre, ver aquí). Sobre algunas filtraciones interesadas desde Más Madrid para forzar sus posiciones y cortocircuitar las de otros, menos, pero también (ver aquí).
Sobre la negativa de IU a aceptar la propuesta de Podemos de limitar el acuerdo a esas dos fuerzas, está argumentada la decisión (difícil pero coherente) de Antonio Maíllo (ver aquí). Sobre el intento final (y público) de Más Madrid, Comuns, IU y Sumar para empujar a Podemos en el último momento con la oferta a Irene Montero de tener un puesto de salida en el Frente Amplio por Madrid y sobre la respuesta de los morados, conocimos los detalles en la misma noche del viernes (ver aquí).
Sería muy ingenuo pensar que en los movimientos finales de cada cual no ha pesado el intento de señalar al otro como culpable del desacuerdo. Sería absurdo no advertir que la herida causada en Podemos por el veto que en su día impuso Sumar sobre Irene Montero sigue abierta o que los recelos (y algo más que recelos) personales entre la dirigencia de Más Madrid y la de Podemos se han demostrado insuperables. Pero sobre todo hay evidencias de que todo lo escrito sobre los motivos que han alimentado el bochornoso espectáculo político le importa un bledo al 90% del electorado potencial a la izquierda del PSOE.
Sólo los más cafeteros o los más sectarios o quienes se sienten (o les interesa sentirse) representantes de la izquierda más pura que jamás haya existido siguen empeñados en una guerra fratricida (no hay más que ojear la reacción agresiva y furibunda de la turba en las redes ante cualquier opinión personal discrepante sobre el desastre). La inmensa mayoría de quienes esperaban pacientemente un pacto de unidad a las puertas de una cita electoral absolutamente decisiva para el país, para la izquierda y (no me cansaré de repetirlo) para la democracia tal y como la conocemos se siente enfadada, frustrada e impotente.
Lo dicen las encuestas más fiables, lo dice el sentido común y lo dice cualquiera que constata la realidad y no vive en una burbuja partidista. De modo que desde este mismo sábado ya estamos en otra pantalla. Y sería un error todavía más grave que las fuerzas de la izquierda alternativa se dedicaran a atizarse collejas y mamporros. Serán los propios votantes quienes decidirán el peso de esas culpas y quienes demostrarán, seguro, más inteligencia y responsabilidad que las cúpulas de los partidos con los que simpatizan o simpatizaban.
Serán los electores progresistas quienes se inclinarán por el voto útil que más pronto que tarde intentará reclamar para sí el PSOE o quienes mantendrán su fidelidad más a la izquierda pese a su histórica tendencia “fisípara” (en definición de Ignacio Sánchez-Cuenca). Y aún hay –quizás incluso más que hace dos semanas– quienes se declaran indecisos o directamente abstencionistas. Hay esperanza (o algunos queremos mantenerla como progresistas y como demócratas).
El acuerdo casi total para una candidatura única al Senado (ver aquí) demuestra que, si hay voluntad y racionalidad, se puede. Se pueden conciliar la ideología y las matemáticas. Se pueden mantener las diferentes miradas, prioridades y compromisos sobre políticas concretas y a la vez tener en cuenta la tozuda realidad de la normativa electoral. Ir juntos (fruto de la iniciativa cívica de Senadoras y Senadores por la Democracia) o separados puede variar el resultado en hasta 40 escaños en la cámara alta.
Simplemente evitar una mayoría de tres quintos de las derechas extremas supone, por ejemplo, colocar un dique de contención en el intento permanente de bloquear o copar el Tribunal Constitucional, cuando sabemos que uno de los elementos estratégicos para sembrar la crispación y la criminalización de las izquierdas ha sido la actuación de determinados jueces y estamentos judiciales. El daño está hecho, pero no está escrito que pueda ser aún más grave.
Ahora toca seguir demostrando que la democracia –además del mejor sistema conocido de derechos y libertades y de convivencia desde el respeto al otro– es eficaz. Lo cual significa que las izquierdas dediquen todo el esfuerzo a transmitir compromisos sólidos y creíbles sobre soluciones al problema de la vivienda, a la brecha salarial que aún nos separa de otras economías europeas, a las garantías sobre la solidez de las pensiones públicas ahora que al PP se le han visto las costuras, a la necesidad de regular el macronegocio irresponsable y antidemocrático de las grandes plataformas tecnológicas, la IA o los oligopolios que desvirtúan el mítico y fallido concepto del “libre mercado” o a defender con valentía una gestión migratoria basada en el respeto a los derechos humanos y a los valores europeos, pero también en la evidente y egoísta necesidad colectiva de su aportación a la economía para evitar su colapso.
A pesar de todos los pesares, las izquierdas tienen motivos para sacar pecho de muchos logros conseguidos desde 2018, y si saliéramos de nuestras respectivas burbujas y procuráramos leer y viajar más, comprobaríamos que, desde fuera de España, las posiciones mantenidas (por convicción o por inteligencia, no juzgo los motivos) respecto al genocidio en Gaza, respecto al neorreaccionarismo de Trump o a los neofascismos y regímenes iliberales que se vienen extendiendo en Occidente han generado una ola de simpatía progresista en todo el mundo.
Quien siga excavando en sus trincheras probablemente quedará enterrado en términos políticos. De eso, más pronto que tarde, se encargan las y los electores. En términos prácticos y democráticos, lo que les toca a todas las fuerzas de la izquierda es dejarse la piel para que nadie se quede en casa el 29N.
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Texto íntegro de Jesús Maraña, publicado en infoLibre el 17 oct, 14:43. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en infoLibre.
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