Miércoles, 21 de octubre de 2026Portada de las 06:45
Todos los periódicos y la radio, en uno
Opinión
Editoriales · Crisis francesa

Francia es Francia

Editorial de El Periódico

La tesis Rechaza equiparar los disturbios franceses con otros movimientos y atribuye la crisis a reformas aplazadas, un sector público hipertrofiado y el declive de los partidos centrales.

Escucha la noticia4 min

Hay algunos analistas muy dados a mimetizar lo que ocurre en un país con los acontecimientos de su entorno. Los gravísimos altercados que viven desde el sábado nuestros vecinos franceses no son necesariamente el anticipo de lo que pueda pasar en España o que sea lo mismo que lo que está pasando en Italia. Ciertas generaciones tienden a identificar cualquier movilización callejera en Francia con lo que ocurrió en mayo de 1968, pronto hará 60 años.

El contexto actual nada tiene que ver con el de aquellos años y la realidad de hoy en Francia poco tiene que ver con lo que ocurre en España. Así que evitemos simplificaciones y evitemos mimetismos que pueden servir para animar una campaña electoral, pero que no ayudan a entender las causas y las consecuencias de lo que ocurre allí y de lo que ocurre aquí. Francia lleva una década y media perdida. O más. No ha afrontado ninguna de las reformas estructurales que necesitaba hacer tras una mayor integración europea después del euro y tras el impacto de la globalización.

Siempre ha pensado que su capacidad de marcar las directrices de la política europea junto a Alemania y sus multinacionales sufragadas con capital público le libraban de hacer cambios como los que tuvieron que hacer Grecia, Italia, Portugal y España tras la crisis financiera. O como los que ha hecho Alemania tras la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania. Mientras, Francia ha mantenido un sector público hipertrofiado y ha lastrado la productividad de sus empresas con medidas como la reducción de la jornada laboral o de la edad de jubilación.

Impasible a esos síntomas de decadencia, la clase política francesa ha visto como ese lastre, sumado a la corrupción, se llevaba por delante a los partidos centrales del sistema, el RPR y el PS, y sus restos se reagrupaban en torno a Emmanuel Macron, mientras los extremismos del Frente Nacional y de la Francia Insumisa crecían retroalimentándose. A ello ha contribuido sin duda también que la política de cordón sanitario ha alumbrado gobiernos de una gran debilidad parlamentaria que, en lugar de afrontar reformas que eliminen las causas del malestar social (empeoramiento de los servicios públicos, mayor presión fiscal, incremento del paro, …

), lo que ha hecho es paralizar el país y convertir el malestar en enfado que acaba estallando en forma de violencia callejera. Estallidos que no siempre encuentran reflejo político. No olvidemos nunca que, tras el mayo del 68, De Gaulle arrasó en las siguientes elecciones. Hay malestar en la clase media en el conjunto de los países de la UE. Lo hay. Hay enfado. Lo hay. Pero los cauces por los que se expresa son diversos. En Italia han encumbrado a Meloni, que no comparte grupo con Le Pen en el Parlamento europeo.

En Bélgica u Holanda han aupado a otros extremismos. En España han comportado un giro populista del PSOE, que hay que ver que efectos tiene en las elecciones del 29N. Un mismo malestar tiene causas distintas y deriva en consecuencias diferentes. Con todo, partidos afincados en la democracia liberal, empresarios comprometidos en el desarrollo económico y sindicatos protectores del Estado del bienestar harían bien en trabajar juntos para solucionar los problemas de la gente en lugar de intentar sacar partido de ese enfado.

Pregunta sobre esta noticia

Respuestas automáticas a partir de las noticias de El Autómata, sus fuentes y la radio. Pueden contener errores: comprueba los enlaces.

Texto íntegro de el editorial de El Periódico el 19 oct, 20:18. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en El Periódico.