La tesis Ironiza sobre la declaración pública de amor de Sánchez a su esposa durante un acto electoral y cuestiona, con humor, la espontaneidad de la escena.
La sabiduría de las abuelas, si se supo escucharlas, acompaña el resto de la vida. Desde lo elemental —lava las mantas después de cada invierno, da a probar el guiso a otro para saber cómo va de sal— a lo más prosaico —si sacudes bien los tejanos al sacarlos de la lavadora, no necesitan plancha—. Eran unas currantas, con la oficina en casa, que intentaban transmitir su oficio. Como dijo María Nicolau, la magia de la cocina de las abuelas no era amor, sino trabajo.
Es cierto que la memoria es caprichosa, y cada uno construye su recetario con lo que elige el subconsciente. “Mucho miedo y muy poca vergüenza”; “la mancha de mora con otra mora verde se quita”; “más sabe el diablo por viejo que por diablo” constituyen un fondo de armario de una milenial cualquiera. Son aforismos sedimentados que hacen pop en el momento más inesperado. Como cuando Pedro Sánchez le confiesa su amor de manera pública a su mujer, Begoña Gómez, en un acto de precampaña del PSOE.
“Nos han intentado quebrar de todas las maneras, pero han logrado justo lo contrario. Hoy estamos más unidos y somos más fuertes que nunca. Que lo escuchen alto y claro: te quiero”, le declara, mientras el realizador juega con la letra de un temón como es Malibú, de Rusowsky. Ella aparenta sorpresa —quizá incluso la sintió— y ambos se funden en un abrazo entre aplausos del público. Casi puedo oír a mi abuela murmurar desde el sofá (un lugar que tampoco le enloquecía): “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
Como le hubiese pasado a mi abuela, las redes se han llenado de personas incapaces de creerse el momento de amor espontáneo de Pedro Sánchez en pleno mitin. “Lo que hubiera disfrutado Montse, ¿no la habéis invitado?”, escribe un usuario en respuesta al vídeo del momento Romeo y Julieta que el presidente ha compartido en X (y que acumula ya más de tres millones de visualizaciones). También son legión los que juegan con la inteligencia artificial y cambian a los protagonistas del beso: Pedro Sánchez labio con labio con Ábalos, Zapatero o el rey de Marruecos…
Personas con la crítica a punto y afilada, que no valoran la valentía de declararse en público, incluso a riesgo (hubiese sido maravilloso) de ser rechazado. A la exhibición del amor de Sánchez le sigue otra cosa también muy de nuestros tiempos: el baile solitario que supuestamente debe conducirnos al éxtasis, pero que en realidad es más incómodo que liberador. En los cortes difundidos en las redes sociales, se puede ver cómo Pedro Sánchez se contonea con Malibú, aplaude y se balancea de un lado a otro.
Él, como haríamos todos en su lugar, busca con la mirada a un cómplice, alguien que le rescate de la desnudez de moverse solo. Lo mismo le pasa a su ministro y tuitero estrella Óscar Puente, en el mismo acto de precampaña. De nuevo, se debiera aprender más de aquellas abuelas bailongas, que agarraban al primero que pasaba por delante cuando sonaba un pasodoble. Ya fuese una boda, una fiesta mayor, o la noche de Fin de Año. Ya lo dijo Sergio Dalma, bailar pegados es bailar, y lo demás es pasar un mal rato.
Míriam Nogueras, la cara visible de Junts en Madrid, y una de las mujeres más señaladas estos días como la supuesta culpable de que en España haya elecciones, lo llevó con más solvencia. Ella al menos sonríe, con la frente alta, mientras mueve la cadera arriba y abajo al ritmo de Jamaican (Bam Bam), de Hugel y Solto, en la presentación de la lista de Junts. “Las elecciones de los bailecitos”, escribe un usuario en X. Si va a ser así, políticos del mundo, permítanme un consejo: no bailen solos.
Así al menos los ataques de espontaneidad, de amor y de alegría en campaña electoral resultarán algo más creíbles.
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Texto íntegro de Rebeca Carranco, publicado en El País el 20 oct, 05:30. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en El País.
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