
La tesis El autor critica que se presente la violencia de los disturbios franceses como una protesta social legítima y cuestiona que consignas simplistas resuelvan problemas como la vivienda.
En el periódico de al lado hay gente tratando de convencerme de que lo que pasa en Francia es bueno. Yo he visto arder escuelas públicas y edificios históricos, y me han dicho que los jóvenes están muy hartos de vivir en malas condiciones. Han ... quemado un banco que estaba en la planta baja de un edificio de viviendas, viviendas llenas de gente, de niños, y me han dicho que los bancos son culpables de la mala vida. He visto cómo rompen con mazas monumentos irrepetibles, pero me han dicho que no son más que piedras inertes.
He visto cómo saquean tiendas de lujo y de zapatillas deportivas, y me han dicho que eso son cuatro delincuentes que aprovechan la manifestación. Les he visto pegar a gente, con y sin uniforme de la Policía, y me han hablado de brutalidad represiva. Veía cosas, pero los buenos seguían contándome. Resulta que he visto a exquisitos estudiantes desamparados luchando por sus derechos. La voz de los oprimidos sonaba a cristales rotos con cascotes que un rato antes eran una estatua.
Pero ese ruido, dicen los buenos, es alentador. Son los de abajo peleando por un futuro. El fuego y la violencia: expresiones. Otra escuela reducida a cenizas porque se invierte poco en educación.Aquí la Puerta del Sol está empantanada. Eso se ha quedado a medio camino entre la reivindicación y el poblado chabolista. Han tenido que cerrar la estación de Sol porque los manifestantes orinaban por la rejilla de ventilación. Problema resuelto, debían pensar: si no veo mi pipí es porque la magia lo ha hecho desaparecer.
Como el bebé que regala sus excrecencias a su mamá. Las propuestas de los acampados para arreglar el problema de la vivienda son parecidas a esto. Poned en un papel que casas para todos y que abajo los rentistas. Ya nos dirán luego quién va alquilar vivienda, y cómo va ser asequible. La magia, tal vez. Palabras mágicas. Como las que pretenden convertir a los bárbaros que destruyen París en estudiantes en busca de un futuro.Los buenos insisten en que estoy viendo algo bueno, en que no me doy cuenta.
No se puede discutir cuando alguien prescinde del principio de la civilización y no le molesta que se destruya una ciudad entera. Mejor no escucharlos. Si dejo de escuchar a los sabios y los buenos, como Javier Bardem, me queda sólo mi olfato. Mi olfato me dice que Francia huele a patrimonio histórico quemado y la Puerta del Sol a orín. Madrid y París huelen a cinismo y a barbarie. A una alegría destructiva y desaforada. Así que no me van a convencer de que me trague la papilla: huele a diablos.
Entonces pongo atención. Husmeo con intensidad, como un perro bien entrenado delante de una maleta sospechosa. Aspiro, trato de captar todos los matices, y de pronto aparece una veta nueva, una traza oculta. Porque todo esto me huele un poco a botella descorchada en Moscú.
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Texto íntegro de Juan Soto Ivars, publicado en ABC el 19 oct, 18:59. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en ABC.
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