
La tesis Sostiene que las protestas francesas favorecen electoralmente a Le Pen y advierte al PP de que compararlas con la izquierda española podría beneficiar a Vox.
No tengo ninguna duda de que Abascal hace bien jaleando en beneficio propio el lío social que ha incendiado las calles de Francia. Las protestas contra Macron y sus políticas fracasadas empujan a Le Pen a una victoria casi segura. La extrema derecha, con el ... guión de la ley y el orden en su escudo de armas, no deja de crecer en las encuestas. Si Mélenchon picaba espuelas para que la indignación de los chalecos amarillos colocara contra las cuerdas al poder establecido, ha cometido un error de cálculo.
No porque no lo esté consiguiendo, sino porque el otro gran damnificado es él. Si el balotaje de las presidenciales de mayo le enfrenta cara a cara con la Agrupación Nacional, tiene todas las de perder por goleada. Setenta a treinta. A rebufo de ese pronóstico, que Vox quiera recordar su parentesco ideológico con el lepenismo tiene toda la lógica del mundo. Lo que no tengo tan claro es que al PP le venga bien comparar la conducta de la izquierda francesa con la española.
No digo que no se parezcan, sino que airear su parecido puede tener consecuencias indeseadas. Primero porque la bandera de la ley y el orden ya tiene un dueño que le ha madrugado la posición –y no le conviene seguir enflaqueciendo a su costa– y segundo porque en España la izquierda todavía está en el poder. Las protestas callejeras, como creo que demostrará la huelga general de noviembre, solo funcionan cuando se dirigen contra el Gobierno. La idea de proyectarlas contra la oposición, diga María Jesús Montero lo que diga , no deja de ser una idea peregrina.
Señalar a la 'gauche demoniaque' francesa como artífice de la agitación social no sirve como denuncia de lo que está haciendo ahora mismo su homónima española, sino como primicia de lo que hará cuando las urnas la arrastren al averno de la oposición. O sea, que es un recordatorio de lo que nos pasará si el PP llega a la Moncloa. Ya sé que la advertencia se ajusta escrupulosamente a la verdad. No cuestiono su exactitud. Destaco el riesgo de que pueda haber electores que no vean la alternancia como parte de la solución, sino del problema.
Por alguna extraña razón que a mí no se me alcanza del todo, los populares pierden altura en las encuestas cada nueva oleada. Son bajadas pequeñas que no benefician directamente al PSOE, pero que le permiten soñar con ser la fuerza más votada el 29 de noviembre. Si los populares no detienen su caída, las posiciones de cabeza, la noche electoral, pueden invertirse en beneficio de los socialistas. En tal caso, Sánchez salvaría el pellejo como líder de la oposición y podría jugar el papel que quiere como antagonista de Vox, la verdadera fuerza emergente del bloque de la derecha.
Pincho de tortilla y caña a que los alquimistas de Moncloa ya trabajan en la pócima que pueda ayudar a Abascal a desmantelar el campamento de Génova. No es buena idea ponérselo fácil.
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Texto íntegro de Luis Herrero, publicado en ABC el 20 oct, 18:58. El Autómata lo recoge en su sección de Opinión sin cambiar una palabra; solo la tesis y el tema son nuestros, escritos por una inteligencia artificial. Leer en ABC.
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