Los votantes de Alberta deciden este lunes si quieren que la provincia siga formando parte de Canadá o si inicia el proceso para convocar un referéndum vinculante sobre la independencia. La consulta, que no tiene efectos jurídicos, no resolverá la separación: un resultado favorable a iniciar el trámite abriría una nueva fase, pero no supondría que Alberta deje el país.
La cuestión se incorporó como la décima de una papeleta que inicialmente contenía nueve preguntas. La primera ministra provincial, Danielle Smith, la añadió a finales de mayo, después de que una campaña separatista reuniera firmas para pedirla. Las otras cuestiones abordan asuntos como la inmigración, el acceso a servicios públicos y la identificación de los votantes. Smith ha dicho que votará por permanecer en Canadá y que respetará el resultado.
Si se impone la opción de iniciar el proceso, todavía habría que convocar otra votación. La Ley de Claridad establece que el Parlamento federal debe valorar si la pregunta y la mayoría obtenida en un eventual referéndum son suficientemente claras para negociar una separación. Además, la independencia requeriría una reforma constitucional. Por tanto, el voto de este lunes no concede a la provincia un derecho unilateral a separarse.
Los sondeos citados por El Mundo y El Español sitúan en torno al 70% el apoyo a seguir en Canadá y cerca de una cuarta parte el respaldo a la independencia. Otra encuesta, de Abacus Data y realizada entre el 7 y el 13 de octubre, preguntó si debería convocarse un referéndum soberanista: el 56% respondió que no y el 30% que sí, según publicó El Confidencial. Las cifras no miden exactamente lo mismo y no son directamente comparables.
Alberta concentra cerca del 80% de la producción petrolera canadiense. Los partidarios de la secesión sostienen que la provincia aporta más de lo que recibe y que las decisiones del Gobierno federal perjudican su economía. Adrienne Davidson, profesora de Ciencia Política de la Universidad McMaster, considera que el movimiento tiene un carácter principalmente económico e ideológico, y lo diferencia del nacionalismo que ha impulsado el independentismo en Quebec. Alberta no había votado antes sobre su separación; Quebec celebró consultas en 1980 y 1995, ambas con victoria de la permanencia.
La votación coincide con las tensiones comerciales y políticas entre Canadá y Estados Unidos. Donald Trump ha defendido que Canadá se convierta en el estado número 51, mientras que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, describió Alberta como un «socio natural» de su país. Mark Carney ha pedido a los albertanos que participen y ha respaldado el no. Según El Español, no se habían detectado interferencias en la consulta, aunque Carney afirmó que los servicios de seguridad seguían posibles intromisiones.
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